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14 de abril de 2003, 12h36
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Las incógnitas de la post-guerra
Por
MorningStar.es
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La guerra en Irak parece haber acabado, con el repentino desmoronamiento del régimen de Sadam Husein. Las bolsas han celebrado anticipadamente la rápida resolución del conflicto pero, desde la perspectiva del inversor, queda la pregunta de qué es lo que va a pasar a partir de ahora.
El baile de las incertidumbres
Una cosa está clara. La enorme incertidumbre que había despertado el conflicto en Irak y que estaba afectando a los mercados (tanto de renta variable como de renta fija) en forma de un incremento de la volatilidad se ha reducido en buena medida con la caída de Bagdad. Por supuesto, no todas las incógnitas están resueltas. Queda por definir el escenario de la post-guerra y ver, en particular, cómo puede reaccionar el precio del petróleo a las nuevas condiciones de mercado. Un precio del crudo barato es, sin duda, uno de los factores clave en la recuperación económica mundial.
Desde un punto de vista bursátil, que es lo que preocupa a la mayoría de inversores, las post-guerras no siempre han tenido los mismos efectos. Un reciente estudio de Smith Barney Citigroup (“War and the stock market”) sobre las implicaciones de las últimas guerras en los mercados, no establece una relación directa entre el final de la guerra y el comportamiento de las bolsas. El final de la guerra, indica, puede traer consigo una rápida recuperación económica y un mercado alcista (como en la guerra de Corea, a principios de los años 50), una época de serias dificultades económicas y financieras (como tras la guerra de Vietnam) o una situación intermedia como el periodo que siguió la segunda guerra mundial.
Lo curioso del estudio es que las guerras no parecen tener una influencia exagerada en los mercados, aunque muestra que las rentabilidades conseguidas durante los periodos de guerra han sido generalmente superiores a las de los periodos de paz. Desde 1925, durante los 194 meses de guerra que han vivido los Estados Unidos, la rentabilidad media alcanzada por el S&P 500 (noticias) ha sido ligeramente inferior al 13% anual, mientras que a lo largo de los 732 meses de paz, la rentabilidad conseguida por este mismo índice se ha situado en el entorno del 11% anual.
En todo caso, es difícil sacar conclusiones drásticas y estadísticamente correctas del análisis de las últimas cinco o siete grandes guerras.
Intentar anticipar el comportamiento de los mercados en función del resultado y rapidez del conflicto puede llevar a errores importantes por parte de los inversores. Resulta paradigmático el hecho de que el mismo día en que prácticamente se declaraba el fin de la guerra, las bolsas norteamericanas reaccionaron fuertemente a la baja (el Dow Jones y el Nasdaq (NASDAQ: noticias) cayeron un 1,2% un 1,9% respectivamente).
La razón esgrimida por los analistas es que una vez despejadas las incertidumbres de la guerra, la atención se centra ahora en los resultados empresariales (estamos en el periodo de presentación de resultados del primer trimestre) y en los datos macroeconómicos. Y en ninguno de estos dos apartados, hay motivos para la alegría.
Según Thomson Financial, el ratio entre las empresas que presentan expectativas de mejoras en sus resultados frente a las que presentan expectativas de empeoramiento alcanza el 0,3, el nivel más alto desde el pasado 11 de Septiembre. En el lado macroeconómico, el Fondo Monetario Internacional acaba de publicar sus últimas previsiones con revisiones a la baja generalizadas y advirtiendo del peligro de recesión a nivel mundial.
¿Cambiar o no de estrategia?
El informe de Smith Barney Citigroup concluye que “para la mayoría de inversores, las consecuencias de la guerra en Irak no justifican probablemente un cambio drástico en sus carteras. Para ellos, el verdadero riesgo está en tomar decisiones financieras críticas en momentos de gran incertidumbre. Es manteniendo una estrategia de inversión a largo plazo como pueden reducir el riesgo de tomar una decisión de la que pueden arrepentirse en el futuro”.
En efecto, de la misma forma que no conviene remodelar una cartera de fondos en función de un acontecimiento puntual, como puede ser un conflicto militar, por muy importante que sea, la incógnita de la post-guerra tampoco debe ser motivo para cambiar de estrategia, siempre que ésta se haya establecido para un horizonte de largo plazo.
Incertidumbres siempre habrá en los mercados. Si echamos una mirada a estas últimas décadas, los momentos de inestabilidad han sido frecuentes: la gran depresión en los años 30, la segunda guerra mundial en la década de los 40, la guerra de Corea en los años 50, el asesinato de Kennedy la guerra de Vietnam en los 60, la crisis del petróleo en los 70, el crack de las bolsas en la década de los 80, la primera guerra del Golfo en los 90, el estallido de la burbuja tecnológica y el atentado a las torres gemelas a principio de esta década,... Sin embargo, en un 95% de los casos (*) hubiéramos conseguido rentabilidades anuales positivas en un periodo de 10 años.
(*) cálculo efectuado sobre el S&P 500 desde enero de 1946 hasta febrero de 2003 – Rentabilidades anuales
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