El derroche de energía en los hogares españoles suele ser muy alto. El mayor responsable de este exceso de consumo estos días son los sistemas de calefacción, por lo que hay que conocer cuál es el más adecuado para ahorrar energía y dinero.
Los meses de invierno son una de las temporadas del año en las que el consumo de electricidad y gas se dispara. Ello se debe al frío y a la necesidad de emplear todo tipo de sistemas para condicionar la casa y tener una temperatura agradable. De hecho, la calefacción supone seis de cada diez euros en el consumo de energía de una vivienda.
Pero, ni siquiera la reciente ola de frío polar justifica n consumo tan elevado, ya que existen sencillas prácticas y técnicas para lograr un ahorro energético bastante significativo. Las ventajas de esta posible reducción de consumo son dobles: pagaremos menos dinero y disminuiríamos las emisiones de gases contaminantes.
Para ahorrar en temporada gélidas lo primero que debemos hacer es mantener el calor de la casa, ya que un aislamiento térmico correcto permite ahorrar entre un 20 y un 40% en el recibo de la calefacción.
En este sentido, lo primero es estudiar el aislamiento térmico de cada una de las habitaciones. Lo más conveniente es contar con dobles paredes, ventanas de doble cristal y muros recubiertos con un aislante térmico. Esta sería la mejor situación, no obstante, siempre nos queda la opción de hermetizar puertas y ventanas para evitar escapes y corrientes.
Otra recomendación es reducir el consumo cuando no se está en casa, utilizando los termostatos y concentrando el calor en las zonas que más nos interesa.
Por otra parte, no debemos olvidar que la temperatura recomendada es de 20 grados, ya que dan la sensación de confortabilidad y suponen un ahorro cercano al 10% respecto a dos grados más. Generalmente, por cada grado que aumentamos la temperatura, el consumo de energía crece entre un 5 y un 7%. Además, el calor excesivo es totalmente perjudicial para nuestra salud.
Por último, es necesario realizar revisiones de mantenimiento para garantizar la eficiencia y la seguridad del sistema de calefacción.
En cuanto a los principales tipos de calefacción en España, los principales son las calderas y radiadores individuales, los sistemas eléctricos sin acumuladores y la calefacción central. Entre los combustibles más utilizados está el gas 35%, la electricidad 34%, y el gasóleo 13%.
Los tipos de calefacción más recomendables son:
- Caldera con radiadores de agua. Tienen un coste inicial elevado pero se recupera rápidamente cuanto más frío es el clima.
- Caldera con suelo radiante. Su mayor virtud es el ahorro, pues sólo hay que calentar el agua a unos 40 grados para que funcione. Sin embargo, este método tarda bastante en calentar el hogar. En este sistema, los radiadores son sustituidos por tubos colocados en el suelo.
- Calefacción eléctrica por acumulación. Son acumuladores que calientan material refractario por resistencias eléctricas durante las horas nocturnas. No obstante, la recarga se ajusta la noche anterior y es posible que a la mañana siguiente tengamos mucho o poco calor.
- Calefacción eléctrica por sistemas directos. Son los radiadores y convectores, muy recomendables para hogares pequeños.
Evidentemente, dependiendo de las características de nuestra vivienda y nuestras necesidades, elegiremos un sistema u otro. Sea cual sea el método que escojamos, lo que debemos tener claro es que hemos de darle un uso totalmente razonable.