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19 de octubre de 2005, 11h38
Victorio Valle nos habla de un posible agotamiento de la economía española

Por UNO

Victorio Valle es el director general de la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas). En esta entrevista analiza los motivos que apuntan a un futuro agotamiento de los motores económicos de nuestro país.

- Recientemente, usted ha alertado sobre un posible estancamiento la economía española. ¿Por qué motivos puede producirse este agotamiento?

Mi advertencia no es sobre un posible estancamiento de la economía española, que aunque no excluyo, espero y deseo que no se llegue a producir. De lo que yo he advertido es sobre el agotamiento de los motores que han alimentado ese crecimiento en los últimos años y que, de no ir cambiando, pueden poner en riesgo nuestro desarrollo futuro.

- ¿Cuándo podremos observar los primeros efectos de ese agotamiento?

Es difícil prever cuándo la economía española podría reflejar con intensidad el agotamiento de sus fuentes actuales de crecimiento. La precariedad del crecimiento tiene factores del lado de la demanda y de la oferta agregadas. Del lado de la demanda, el crecimiento económico se ha cimentado sobre el consumo y la construcción, y por tanto, la crisis puede venir por el hecho de que el endeudamiento familiar llegue a un límite insostenible –lo que no debe estar lejos de suceder, si se piensa que entre 1997 y 2004 la deuda por hogar ha aumentado un 116%-, o puede venir de un estrangulamiento de la balanza exterior por nuestro diferencial de inflación, que ya presenta unas necesidades de financiación del 7% del PIB. Mi esperanza es que esas características flexionen antes de que esa situación se produzca. Del lado de la oferta, el crecimiento español ha ido acompañado de una caída en la productividad aparente del trabajo, lo que unido a la lógica aspiración de los trabajadores de homologar sus retribuciones con la de los países más avanzados de Europa, está produciendo una elevación de los costes laborales unitarios de casi el doble de la media europea.

- ¿Existe alguna forma de evitarlo?

Por supuesto que ese panorama negativo podría ser evitado. Tres aspectos tienen la mayor importancia: reducir las tensiones inflacionistas; potenciar el crecimiento a largo plazo de la economía estimulando la capitalización física y humana; y por último reducir nuestro déficit de capital tecnológico, lo que contribuiría a elevar la productividad de la economía y reorientar la estructura productiva hacia sectores más generadores de valor añadido.

- ¿A qué sectores de nuestra economía considera que puede afectar en mayor medida?

Uno de los rasgos más característicos del crecimiento económico español es que se ha apoyado en una estructura sectorial anticuada. No creo exagerar si afirmo que sólo entre un 15-20% de la industria manufacturera tiene un perfil moderno, con alto contenido tecnológico y trayectoria creciente de su productividad. El crecimiento en este tipo de industrias depende de la evolución de los costes laborales unitarios, que, como ya se ha dicho, han experimentado un crecimiento muy superior a la media europea. Por tanto, la industria española ha perdido competitividad en los últimos años. La competencia adicional de países emergentes, como China o Corea e incluso nuestros recientes socios europeos con costes laborales mucho más bajos, puede ser muy peligrosa para el futuro crecimiento español.

- ¿Cree que esta etapa de estancamiento irá acompañada de una subida de los tipos de interés?. ¿De qué forma puede afectar esta medida al “ciudadano de a pie”?

La alteración del tipo de interés depende de las decisiones del BCE. En el panorama económico de la Unión Monetaria Europea, no parece existir a corto plazo riesgos de una elevación sensible de los tipos de interés, ante el escaso dinamismo de la economía en los países centrales de la Unión. En todo caso, y de cambiar esas circunstancias, las variaciones de los tipos de interés nunca se producen de forma traumática a corto plazo. Son variaciones pequeñas con limitadas repercusiones sobre el “ciudadano de a pie”.

- La Bolsa española está atravesando por uno de sus mejores momentos en los últimos años. ¿Se verán afectadas las inversiones bursátiles por este fenómeno?

La conexión entre la evolución de los tipos de interés y la evolución bursátil es obvia. Sin embargo, el comportamiento de los mercados financieros tiene sus propios determinantes, al margen o además del tipo de interés. En la situación que yo preveo, la pérdida de intensidad del consumo y de la construcción podría generar una atonía en algunas empresas y sectores productivos, pero por otra parte, los fondos que ahora se dirigen hacia esas actividades se encaminarán a una reducción de pasivos financieros (reducción del endeudamiento) e incremento de activos financieros. El resultado neto para los mercados bursátiles es imprevisible.



- ¿Qué medidas podemos adoptar para tratar de hacer frente a este periodo que se avecina?

A corto plazo, lo más urgente es eliminar o reducir nuestro diferencial de inflación con los países centrales de Europa. Para ello, hay que desenfriar la demanda interior. El sector de las administraciones públicas debe intensificar su actual superávit. Simultáneamente, hay que continuar practicando reformas de estructura que flexibilicen la economía española. En particular, es muy urgente completar la reforma del mercado de trabajo

A largo plazo, es importante forzar los factores que aumentan la productividad del sistema económico capital físico, humano y tecnológico. Mi opinión es que las cifras conocidas del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2006 aportan poco a esas necesarias líneas de actuación.

- ¿Podemos afirmar entonces que estamos ante el final de un ciclo de bonanza económica?

No creo que estemos al final de un ciclo de bonanza. Pienso que si los diferentes agentes económicos hacen su tarea el crecimiento económico puede continuar. En todo caso, la ralentización de la economía española, si se llega a producir, tiene todas las perspectivas de que sería suave. En mi opinión, lo importante es ir practicando las reformas necesarias para que la recuperación económica del resto de Europa, cuando se produzca, permita a la economía española entroncar con ese bienestar general derivado de la recuperación europea.


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