Las compañías de taxi aseguran que no disponen de esas bases de datos. Es más: se han quejado del acoso y de la tergiversación de la realidad. El presidente de la Asociación del Taxi y Radio Taxi de Córdoba, Miguel Ruano, asegura que no hay ninguna lista física de ese tipo. Sin embargo, cuando un usuario no hace uso de algún servicio solicitado, se registra su número de teléfono para recordarle en las próximas llamadas que no utilizó el taxi y que debe pagar el importe de la carrera. Este mecanismo -y su justificación- no es exclusivo de esta ciudad ni de esta asociación, sino que se repite en otras asociaciones de taxi españolas.
Los distintos profesionales consultados para este reportaje coinciden con el planteamiento de Ruano y añaden que, además del aspecto económico, destaca el factor de la seguridad. Conservar el número de quien ha causado problemas en el pasado puede evitar que se repitan los inconvenientes en el futuro. Jaime González, portavoz de la Asociación Gremial de Auto-taxi de Madrid, matiza que cuando una persona llama a la central, su número aparece reflejado. Si es la primera vez que lo hace, no hay datos. Pero si ha solicitado un taxi con anterioridad y se ha dado alguna incidencia, se deja una anotación. De ese modo, cuando este cliente vuelve a llamar no se le brinda el servicio. Esta medida es la respuesta a situaciones extremas, como los casos que han puesto en peligro la seguridad del conductor. Si hay una deuda pendiente, se informa al usuario de ésta y se le envía el vehículo.
¿Es lícito conservar los datos de un cliente, su nombre y número de teléfono, tras haberle brindado un servicio? Dejar constancia de las incidencias asociadas a una persona, ¿no implica la sistematización de información y, por tanto, la creación de un fichero? ¿Qué marca la ley? ¿Es legal o la protección de los conductores vulnera la protección de datos? ¿Qué tipo de situaciones pueden provocar que alguien sea "fichado" por una empresa de radiotaxi? La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), el magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona Miguel Ángel Gimeno Jubero y profesionales del taxi de distintas ciudades ayudan a encontrar las respuestas.
Cómo se activa el mecanismo
El motivo más frecuente por el que nace la polémica es el dinero. Mantener una deuda pendiente con la empresa de radiotaxi es la causa más habitual de ingreso en ese fichero conocido como "lista negra". Los montos, en general, son mínimos -entre tres y cinco euros-, pero suficientes para que la compañía conserve los datos de la persona. ¿El objetivo? Cobrar la cantidad adeudada. Los taxistas subrayan que no hay acoso o persecución hacia quien debe un importe. Se anota la incidencia por si el cliente vuelve a pedir un coche.
Contraer una deuda de este tipo es común, sobre todo porque el origen es una situación cotidiana: solicitar un taxi y montarse en otro por impaciencia o por equivocación. En el primer supuesto, explica Jaime González, al cliente se le cobra ese viaje fallido cuando requiere de nuevo los servicios de la empresa. Si, por el contrario, es un error, se aclara y no hay más problema. El portavoz de la asociación madrileña insiste en que éste es un escenario habitual que no supone mayores inconvenientes.
Otras situaciones favorecen la inclusión en esa "lista". Éste es el caso de las personas que estaban ebrias cuando solicitaron un taxi, quienes sufren problemas de incontinencia, los pasajeros con una higiene corporal deficiente o quienes requieren un taxi para volver del mercado con alimentos que pueden ensuciar el maletero, como ocurre con el pescado. Cuando un taxista se enfrenta a una situación desagradable solicita a la base que registre el nombre, el teléfono y la dirección del cliente.
Estas situaciones pueden hacer pensar en otros motivos de inclusión en una "lista negra": desde prejuicios hasta cuestiones como el trato personal. Sin embargo, más allá de los casos extremos o anecdóticos, una razón fundamental por la que se guarda información es la seguridad del conductor. En la mayoría de las ciudades, los taxistas evitan transitar por ciertas zonas que consideran peligrosas (barrios marginales, sitios apartados, lugares conflictivos o con altos índices de delincuencia).