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19 de mayo de 2008, 6h53
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Los analistas auguran que la actual desaceleración económica será más larga y dura que la de 2002
Por
CONSUMER.es EROSKI
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A la caída de la construcción se suman la inflación y la falta de liquidez
La economía española creció en el primer trimestre del año a un ritmo del 2,7%, el más bajo desde hace seis años, pero el actual enfriamiento tiene poco que ver con el pequeño bache de 2002, fecha en que el Producto Interior Bruto (PIB) presentó idéntica tasa de avance. La situación presente tiene rasgos mucho más preocupantes que hacen prever mayor profundidad y duración.
Pese a que los bancos estatales no se han visto afectados por las hipotecas "subprime" o de alto riesgo, la falta de liquidez de los mercados del dinero les ha llevado a reducir la concesión de préstamos, lo que se traduce en la contracción del consumo y la actividad productiva. A esto se añade el efecto sobre la inflación de la carrera imparable al alza que han emprendido los precios del petróleo.
"Nos encaminamos hacia un periodo de bajo crecimiento económico y elevada inflación, lo que constituye una mala combinación porque los bancos centrales no tienen margen para actuar", señaló la semana pasada el ex responsable del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato.
Los últimos datos muestran un mejor comportamiento de la economía de la zona euro que la nuestra, al presentar un ritmo de crecimiento entre trimestres del 0,7%, mientras el avance del PIB español fue del 0,3%, el más reducido en 13 años. Desde el Ministerio de Economía reconocen que el PIB sólo recuperará el ritmo de crecimiento tendencial un año más tarde, o tal vez a comienzos de 2011.
Antecedentes
En 2002, el crecimiento de la economía española se frenó hasta quedar en un 2,7% en media anual, y la tasa de inflación trepó al 4% en diciembre, tras registrar un promedio del 3,5%. También ese año se produjo un aumento del paro a un ritmo desconocido desde 1993 y la tasa de creación de empleo retornó a mínimos del 1,1%. De este modo, la contabilidad nacional apenas consignó la creación de 171.000 puestos de trabajo netos.
La otra referencia para la economía española es la crisis de 1992-1993, el único periodo de la historia reciente en el que retrocedió el Producto Interior Bruto y se produjo una destrucción masiva de puestos de trabajo. Aunque algunos analistas ya han establecido comparaciones, en el punto de partida hay notables diferencias que juegan a favor de la situación actual, como el superávit de las cuentas públicas, la notable capitalización de las empresas y la mayor flexibilidad que ha introducido en el mercado laboral la población inmigrante.
Hay expertos que creen que el desequilibrado reparto territorial de los puestos de trabajo evitará la destrucción de empleo si se logra reubicar a trabajadores excedentes en las provincias donde va a seguir existiendo demanda de empleo de baja o media cualificación.
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