Una de las opciones más conservadoras es colocar los ahorros en un depósito, aunque estos no pasan por el mejor momento debido a su escasa rentabilidad. A pesar de todo, la posibilidad de tener liquidez total les procura clientes, pero menos que hace unos años. El descenso de su rendimiento se ha reflejado en una bajada de contratos. En mayo, hasta los 656.000 millones de euros frente a los 664.000 millones del ejercicio anterior, lo que supone un descenso interanual del 1,2%.
Su rendimiento medio colocados a un plazo de entre una semana y un mes no supera el 1%. Por este motivo, si la elección para invertir es apostar por un depósito, la estrategia debe ir encaminada a contratar los productos que procuren mayor rentabilidad, de entre el 3% y el 6%. Para ello hay que seleccionar depósitos estructurados -los más rentables hoy- o dirigirse a los promocionales. En este caso, conviene saber que el beneficio ronda el 5%, pero durante un periodo de tiempo muy corto, en torno a un mes.
Los inversores pueden decantarse por los fondos de inversión, aunque con mucha prudencia. De renta variable, monetarios, mixtos o de bonos, el primero es el que puede brindar un rendimiento más elevado si la Bolsa continúa en un escenario alcista. La oferta de las gestoras de los bancos y cajas de ahorro es una de las más extensas del mercado financiero actual, y la rentabilidad media se sitúa entre el 8% y el 25%, según el producto. Es una opción conservadora, dirigida al medio y largo plazo, para los inversores que quieren introducirse poco a poco en los mercados bursátiles, pero sin acudir directamente a los parqués.
Las expectativas de crecimiento de los fondos monetarios y mixtos en periodos de reactivación económica no son tan halagüeñas, pero dotan a sus suscriptores de seguridad, a costa del beneficio: por debajo del 5%. Las promociones de las entidades financieras y los traspasos desde otros bancos sí salen rentables. Premian al cliente con hasta un 1% del importe traspasado, aunque con un máximo por cliente estipulado en 1.000 euros.
Corporativa, otra alternativa
Dentro de la renta fija, una vez desechada la deuda pública -cuya rentabilidad se sitúa en mínimos históricos (entre el 1% y el 2%)-, otra alternativa para los pequeños y medianos ahorradores son los fondos de renta fija, emitidos por los gobiernos o por las empresas. Los analistas no son partidarios de escoger la primera opción debido a los déficits de las principales economías internacionales.
Los corporativos tienen una rentabilidad cercana al 5%, por encima de otros derivados de la renta fija. Pero es conveniente informarse, en especial en los fondos, de su estructura, composición y plazos, ya que son complejos de suscribir para el usuario medio.
Los productos alternativos, estructurados y referentes, fueron hasta el inicio de la crisis económica los más demandados por los inversores, debido a su alta rentabilidad. Desde que la recesión se hizo patente, es peligroso estar en contacto con ellos, pues si bien ofrecen un mayor beneficio (hasta un 10%), conllevan un alto riesgo. Están destinados a un perfil bien definido: inversores expertos acostumbrados a este tipo de productos. Por lo tanto, si no se cuenta con la asesoría de una entidad financiera, es aconsejable por el momento abstenerse de su contratación.
SOLUCIONES INTERMEDIAS
Algunos inversores tienen liquidez pero no desean optar por la renta variable ni por productos con una baja rentabilidad (depósitos, deuda pública...). Una solución para conseguir más beneficios sin arriesgarse en sus posiciones es acudir a las cuentas de alta remuneración o especiales, que pueden reportar hasta un 3% de interés. Son fáciles de contratar y conllevan ventajas como la disponibilidad total del dinero en cualquier momento.