Antes de optar por uno de los múltiples sistemas que existen en el mercado, es necesario saber cuáles son las necesidades precisas de cada vivienda y de cada familia. En primer lugar hay que tener en cuenta la zona climática donde se ubica la casa. Si se trata de una zona donde hace mucho frío y hay frecuentes heladas o nevadas, es recomendable optar por un sistema que mantenga el calor de forma constante. En áreas donde el invierno es más cálido, podría ser suficiente con sistemas más sencillos que dan calor de forma puntual.
En segundo lugar conviene analizar las características de la vivienda y de la familia que la habita. Es fundamental conocer la superficie exacta a calentar, su orientación, su uso (diario o de fin de semana) y la posibilidad de calentarla total o parcialmente. Asimismo, es importante prever con qué espacio se cuenta para la instalación de un sistema de calefacción, o si hace falta al mismo tiempo disponer de suministro de agua caliente.
Por otro lado se debe conocer qué posibles fuentes de energía tiene la casa. En algunos casos la comunidad dispone de un sistema de calefacción central con gasóleo, o bien existe una instalación de gas natural que permite un suministro continuo. Cuando no hay ninguna fuente de energía, pero se quiere instalar una en la vivienda, la obra debe realizarla una empresa autorizada.
Los interesados deben estudiar también las posibilidades técnicas para realizar la obra que conlleva cada sistema y el costo que le va a suponer la instalación. Además de este gasto inicial es necesario calcular el gasto posterior del consumo, que en función del sistema elegido permitirá ahorrar bastante dinero. Si la vivienda tiene calefacción eléctrica se puede optar por la tarifa nocturna con acumuladores de calor, que permiten un ahorro de hasta el 50%.
Por último, es aconsejable guiarse por criterios ecológicos y de seguridad cuando se elige un sistema de calefacción. Entre los más contaminantes están los que utilizan combustibles como el gasoil, que produce gases y olores nocivos para el medio ambiente, además de resultar más sucio en la vivienda. El suelo radiante con caldera de condensación es uno de los más ecológicos y de mayor rendimiento energético. En cuanto a la seguridad, todos los sistemas que requieren almacenar algún tipo de combustible se exponen a un mayor peligro de fugas o explosiones, por lo que el control y mantenimiento debe ser mucho más riguroso.
El más usado es la caldera con radiadores de agua y el más confortable es el suelo radiante.