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Situaciones pre morosas


Por Consumer.es Eroski

Antes de ser moroso

 EN ESTE REPORTAJE

Las alarmas comienzan a dispararse cuando la falta de liquidez provoca no poder hacer frente a los pagos de los suministros, como la luz, el agua, y el gas, porque echando cuentas, con los ingresos de los que se dispone no se cubren todos los gastos; pero la coletilla de "cualquier cosa menos dejar de pagar la letra" comienza a sonar. El siguiente nivel es dejar de pagar el crédito de las tarjetas, y el último y más significativo es el de no abonar a la entidad bancaria la cuota hipotecaria.

La situación menos mala es la de no perder el empleo y poder mantener un equilibrio entre lo que se gana mensualmente y lo que se paga. Pero el moroso fortuito no elige entrar en esta espiral de impagos, y las circunstancias le vienen mal dadas. No obstante, hay un pequeño antídoto para curar estas situaciones pre morosas: la refinanciación de deudas. Es un instrumento que permite aliviar el peso de la deuda bancaria ya que en esta gestión el pre moroso solicita bajar la cantidad de cuota hipotecaria o del conjunto de recibos que se pagan a las entidades de crédito. Eso sí la contrapartida es que ello supone prolongar el plazo de tiempo a devolver el crédito. O lo que es lo mismo, se amplía el plazo de amortización de la hipoteca con el consiguiente aumento de los intereses bancarios.

Por norma general, el sobrecoste varía en función de la cuantía del préstamo y el plazo al que se amplíe, pero se puede calcular que pagar menos cuota en un momento determinado puede salir de media un 20% más caro al final del crédito. Si el ciudadano hipotecado opta por duplicar el tiempo de pago del crédito, la operación le supondrá pagar casi un 50% más.

Pan para hoy...

La Asociación Hipotecaria Española considera que esta solución no es siempre viable para solventar los problemas de deudas. Así, por ejemplo, establece dos supuestos en los que no se recomienda solicitar una ampliación. Por un lado, si además de un préstamo hipotecario hay inscritas en el registro otras cargas, es decir, más hipotecas o embargos, la entidad de crédito no podrá ofrecerle una ampliación de su préstamo porque con la legislación hipotecaria actual perjudicaría la seguridad jurídica de la operación. Además, tampoco es aconsejable si el préstamo original tiene ya un plazo de amortización de cuarenta o más años; el alargamiento del plazo tiene un efecto mínimo en la reducción de la cuota y máximo en el encarecimiento de los costes totales.

No obstante, la opción de ampliar el plazo de amortización de la hipoteca no es del todo mala para aquellos que tengan contratado un préstamo hipotecario cuyo plazo de devolución sea menor, pues el ahorro mensual será considerable. Pero parece complicado encontrar a alguien con una hipoteca a amortizar en un periodo de tiempo corto. Y es que el plazo medio al que se firman las hipotecas en España se acerca a los 30 años. De cualquier modo, la persona que finalmente opte por solicitar este trámite debe saber que ésta puede ser una medida temporal, y que una vez resuelta su dificultad específica para asumir una cuota mayor podrá reducir de nuevo el plazo de amortización para ajustarlo a las nuevas circunstancias económicas. De esta manera, acelerará de nuevo el ritmo de devolución de capital y aminorará el coste global de la operación.

Otra de las recetas a las que acudir para no encadenar una situación de morosidad es la de proponer un periodo de carencia a la entidad bancaria con la que se haya suscrito la hipoteca. Es muy común que tanto bancos como cajas de ahorro oferten entre dos y cinco años de carencia en sus préstamos hipotecarios. Durante estos periodos no se amortiza el capital que se debe sino que sólo se pagan los intereses, por lo que la cuota hipotecaria es algo menor. Las entidades conceden estos periodos de gracia al inicio de la relación, cuando los solicitantes están más ahogados por la falta de dinero ya que deben hacer frente a otros gastos que conlleva una vivienda: reformas, muebles, impuestos... Al igual que sucede al ampliar el plazo de devolución de un préstamo hipotecario, el periodo de carencia es una solución excepcional que no debe despistar de la realidad: se retrasa el pago de la deuda pero no se acaba con ella. Además, es una propuesta que se debe negociar con la entidad bancaria y dependiendo de la situación no es del todo seguro que vaya a aceptar.


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