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Salvo
los FIM garantizados (en este caso tampoco es el fondo quien asegura
la rentabilidad, sino que es la entidad depositaria quien se encarga
de la garantía al final del periodo marcado), los fondos
de inversión nunca aseguran una rentabilidad mínima,
ya que sus resultados dependen de la evolución de los mercados
financieros en los que invierten. Las
gestoras facilitan periódicamente a sus partícipes
tanto el rendimiento medio del fondo como la rentabilidad particular.
Los fondos de renta variable pueden ser los que obtengan los mayores
rendimientos, pero también los que sufran mayores depreciaciones
en momentos bursátiles adversos. En muchos casos, estos instrumentos
cubren parte de sus inversiones en renta fija para evitar ofrecer
al cliente rendimientos negativos.
Ahora bien, antes de elegir un fondo u otro, no sólo hay
que fijarse en la rentabilidad que ofrece, sino también en
las alteraciones que experimenta esa rentabilidad. Es decir, en
su volatilidad. La
volatilidad mide, a partir de cero, la desviación de la rentabilidad
de un fondo, es decir, las fluctuaciones que sufre el valor de la
participación durante un periodo determinado. A medida que
este indicador se aleja de cero, crece la volatilidad.
Este
índice sirve de baremo para detectar el nivel de estabilidad
de las carteras, analizar la política de inversión
seguida por la gestora y descubrir los peligros que pueden esconderse
detrás de rentabilidades deslumbrantes. A mayor volatilidad,
mayor riesgo de las inversiones. A menor volatilidad, mayor seguridad.
Conociendo los dos parámetros, rentabilidad y volatilidad,
será más fácil para el partícipe acertar
en el producto adecuado y valorar correctamente las posibilidades
a largo plazo.
Una elevada volatilidad no significa necesariamente que un fondo
no sea adecuado: lo será para quien esté dispuesto
a asumir una buena dosis de riesgo a través de una gestión
agresiva y variada. Por el contrario, el inversor más conservador,
el que busca un lugar seguro para sus ahorros, deberá apostar
por fondos de baja volatilidad como garantía de que no habrá
sorpresas futuras.
Los fondos que invierten en renta variable son los más volátiles,
ya que su rendimiento sube o baja al ritmo que marcan los mercados
bursátiles. Las desviaciones son menos acusadas en los fondos
de renta fija y prácticamente inexistentes en los FIAMM.
La estabilidad que caracteriza a los fondos de dinero hace que entre
las rentabilidades ofrecidas apenas existan cortas variaciones.
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